La FIFA confirmó que el uruguayo Gustavo Tejera será el encargado de impartir justicia en el partido entre México y Corea del Sur, correspondiente a la segunda jornada de la fase de grupos de la Copa del Mundo 2026.

La designación ha llamado la atención debido al perfil del árbitro sudamericano, conocido por su disciplina dentro del terreno de juego y su elevado promedio de amonestaciones.
Además, será el segundo encuentro consecutivo de la Selección Mexicana en el torneo que será dirigido por un árbitro de la CONMEBOL, una situación poco habitual en una Copa del Mundo y que pone nuevamente los reflectores sobre el trabajo arbitral.

Gustavo Tejera, un árbitro que cumple el sueño mundialista

Nacido el 20 de enero de 1988 en Montevideo, Gustavo Tejera ha construido una carrera ascendente dentro del arbitraje sudamericano. Se convirtió en árbitro internacional en 2018 y desde entonces fue escalando peldaños en las principales competencias organizadas por la CONMEBOL.

Su debut en la Copa Sudamericana llegó en 2019, mientras que en la Copa Libertadores apareció por primera vez en 2020. Más adelante recibió la confianza para dirigir encuentros de Eliminatorias mundialistas y también participó en el Mundial Sub-17 de 2023 y el Mundial Sub-20 de 2025.

El uruguayo reveló que se enteró de su convocatoria para el Mundial 2026 en una situación muy particular. Mientras viajaba en avión de regreso desde Santiago de Chile tras dirigir un partido de Copa Libertadores, recibió el correo electrónico que confirmaba su presencia en la máxima cita del futbol mundial.

Según contó en medios uruguayos, el anuncio lo tomó ya sentado en su asiento y con el cinturón de seguridad colocado, por lo que tuvo que contener la emoción. Sin embargo, reconoció que durante el vuelo recordó todo el camino recorrido y no pudo evitar emocionarse hasta las lágrimas.

Un juez de carácter fuerte y amante del diálogo

Aunque muchos aficionados sudamericanos lo identifican por la cantidad de tarjetas que suele mostrar, Tejera se define como un árbitro que busca el equilibrio. El propio silbante ha explicado que intenta sancionar únicamente cuando es necesario, adaptándose a las exigencias de cada partido.

Sin embargo, sus números de la reciente temporada reflejan que no duda en recurrir a las amonestaciones cuando considera que el encuentro puede salirse de control. Esa firmeza le ha permitido dirigir partidos de alta tensión, incluidos clásicos uruguayos y finales nacionales.