Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Catorce años han pasado desde aquella tarde histórica en la que Correcaminos de la UAT volvió a levantar un título y puso fin a una larga espera. Fue en el Apertura 2011 de la Liga de Ascenso cuando el equipo naranja, dirigido por Ignacio Rodríguez Bahena (QEPD), se coronó campeón con un contundente global de 4-1 sobre los Reboceros de La Piedad.

El 10 de diciembre en el estadio Juan N. López, lejos de lucir un lleno, se convirtió en el escenario de un capítulo imborrable para la afición universitaria. Un grupo de seguidores naranjas recorrió kilómetros para acompañar al equipo, y el viaje valió cada minuto, ya que fueron testigos del fin de una sequía de título.

El duelo definitivo se enmarcó por la ventaja que Correcaminos había construido en la ida, diferencia que resultó vital para manejar con inteligencia la vuelta. Desde los primeros minutos del partido, los naranjas mostraron orden y dominio, aunque las oportunidades claras tardaban en concretarse. Nurse y Padilla merodeaban el área, pero sin lograr cerrar las jugadas.

Los Reboceros amenazaron temprano: apenas al minuto 3, Emmanuel García puso a temblar a la defensa tamaulipeca con un cabezazo desviado. Más tarde, al 14’, La Piedad volvió a tocar la puerta con una jugada a balón parado que no encontraron sus atacantes.

Correcaminos respondió al 18’ con Nicolás Saucedo, quien aprovechó un descuido defensivo y generó peligro, aunque su disparo terminó por un costado. La Piedad siguió insistiendo, pero la falta de claridad y la buena labor de la zaga universitaria mantuvieron la ventaja global.

Un complemento de resistencia y un golpe final

La parte complementaria tuvo momentos de tensión. Al 55’, Luis Mendoza, recién ingresado, falló una oportunidad inmejorable para acercar a los Reboceros. Un minuto después, Omar Jaime intentó de cabeza, pero Eder Patiño respondió con seguridad.

Correcaminos también tuvo la suya: al minuto 58, Raymundo Torres mandó un remate a la tribuna tras un desborde de Rafa Murguía que había dejado el gol servido.

El momento definitivo llegó al minuto 84, en un contragolpe comandado por Diego Olsina, uno de los motores del equipo durante toda la serie, Correcaminos encontró el golpe que liquidó la final. Olsina avanzó por la banda izquierda, superó a la defensa y cedió el balón a Tomás Domínguez, quien cerró la pinza frente a la salida del arquero michoacano para firmar el 1-0 de la tarde y el 4-1 global.

El título que devolvió la ilusión

Con el silbatazo final, Correcaminos terminó con una espera que había durado años y se quedó con medio boleto rumbo a la Primera División. Aquella generación, marcada por entrega y orden táctico, devolvió la ilusión a la afición naranja y escribió una de las páginas más recordadas en la historia reciente del club.

Hoy, a 14 años de aquella hazaña, la celebración sigue viva en la memoria universitaria, un recordatorio de que la pasión, la constancia y el orgullo pueden romper cualquier sequía.