Padilla, Tamaulipas.- El sol empezaba a hacer de las suyas cuando los primeros coloteros comenzaron a llegar al ejido Plan de Ayala. El aire olía a tierra húmeda y a naranja recién cortada, ese aroma que para muchos es trabajo, pero también hogar.
Poco a poco, cerca de cincuenta hombres fueron acomodando sobre sus espaldas el peso que conocen mejor que nadie, un colote repleto de naranjas, 70 kilos de vida cotidiana convertidos hoy en símbolo.
El murmullo entre los participantes anunciaba el arranque, mientras el padre bendecía y echaba el agua bendita a todos los presentes, se mezclaba con risas nerviosas y palmadas de ánimo. No era solo una carrera; era una reunión de historias compartidas, de madrugadas frías, de manos curtidas por años de cortar fruta en la región citrícola de Tamaulipas. Para ellos, avanzar 2.5 kilómetros hasta la iglesia de la Virgen de Guadalupe en El Barretal era una manera de agradecer, de honrar a quienes les enseñaron el oficio y de recordar que esta tradición sigue viva gracias a su esfuerzo.
Cuando el organizador, Rogelio Murrieta, dio la señal de inicio junto al cuadro de honor, los coloteros se lanzaron al camino con paso firme. Desde atrás, el peso del colote parecía doblarlos, pero bastaba mirar sus rostros para entender que ahí no había flaqueza, había orgullo.
Entre ellos destacaba la figura de Amado Martínez Agustín, un trabajador originario de San Luis Potosí que desde hace cuatro años encontró en estas tierras una segunda casa. Su ritmo constante, casi sereno, lo llevó a cruzar primero la meta, acompañado por los aplausos que retumbaron frente a la iglesia, donde la celebración se convirtió por un momento en ceremonia.
El alcalde de Güémez, Lorenzo Morales Amaro, observaba la escena.
“Esta carrera significa el esfuerzo de todos los cortadores de naranja… es una representación de lo que hacen las familias para llevar el sustento a su casa”, expresó, recordando que la carrera forma parte de las fiestas en honor a la Virgen de Guadalupe.
Detrás de Amado fueron llegando, uno a uno, los demás coloteros, cada cual cargando su propia historia:
1. Amado Martínez Agustín
2. Ambrosio Andrés Román
3. Uriel Téllez Andrés
4. Alexis Olmedo Santiago
5. Daniel Gutiérrez Hernández
6. Emmanuel Landa López
7. Luis Francisco Delgado Aldana
8. Luis Mejía Hernández
9. Hery Rosalino García
10. Cristian San Juan Navidad
Al final, el esfuerzo hizo lo que el trabajo diario, fueron más las risas y un ambiente armonioso entre la gente y los coloteros.
Muchos dejaron el colote en el suelo afuera de la iglesia, con un suspiro profundo, otros lo abrazaron por simple costumbre, un niño abrazaba a su papá mirándolo como héroe. Todos coincidían, no se trataba de ganar o perder, sino de recordar de dónde vienen y por qué siguen caminando.
Y así, un año más, la carrera no solo recorrió la distancia entre dos pueblos, sino también recorrió la memoria colectiva de una región que, entre naranjas y devoción, mantiene viva una tradición que pesa más de 70 kilos, pero unida es más que el peso de un camión lleno en la báscula.



