Ciudad Victoria, Tamaulipas.- En la vida, como en la cancha, hay quienes se ganan su lugar a base de sudor y garra. Así ha sido el camino de Alán Alexis Aguilar Tejada, quien alguna vez fue parte de la porra de Correcaminos y hoy defiende la camiseta desde dentro del campo. Su recorrido no ha sido común.
En esta nueva etapa, confiesa sentirse agradecido. Agradecido con el profesor Eugui, quien le ha dado la confianza para formar parte del equipo de Expansión; y con el rector de la UAT, Dámaso Anaya Alvarado quien ha respaldado su proceso desde Liga Premier hasta hoy. “No nada más aquí en Corre; también está haciendo un buen trabajo con el deporte universitario. Esas cosas uno no las olvida”, afirma Alán Aguilar.
Pero su historia no comenzó en una visoría cualquiera. Empezó en Furia Azul, un club con alma de barrio y corazón de cantera. Desde los cuatro años, pateando balones en Praderas, hasta llegar a torneos nacionales, pasando por una frustrante etapa en Tigres que no cuajó.
“Me quedé un mes y al final me dieron las gracias. Me agüité. Pensé que ya era todo. Pero mi papá me dijo: “Esto no se ha terminado, inténtalo una vez más”… y fui”.
Esa frase, simple y directa, le cambió la vida.
“Me siento orgulloso de estar aquí. Yo sí soy Correcaminos de verdad”, marca su ADN naranja.
Y lo es. No solo por la camiseta que porta, sino por cómo la vive, por cómo la respeta. Por nunca haber dejado de soñar, incluso cuando la realidad le ofrecía alternativas más fáciles.
Con 18 años fue a las visorías de Correcaminos Premier. Se quedó. Pasó por varios entrenadores, desde Vitela, por Gandhi, por Dimas, y hoy trabaja bajo la dirección de Héctor Hugo Eugui. En el camino fue capitán, campeón, referente. Y todo eso sin dejar de estudiar: actualmente cursa el quinto semestre de la carrera de Nutrición en la Facultad de Trabajo Social.
“Lo más difícil es no caer en el estrés. Estudiar, entrenar todos los días, viajar, cumplir con los trabajos… pero no hay que dejar de estudiar. Nunca”.
Lo dice con una convicción que no suena a discurso aprendido, sino a experiencia vivida. Y es que también tuvo que elegir entre continuar con su negocio de barbacoa, Taquería El Chino, que ya comenzaba a despegar, o apostarle, una vez más, al fútbol. Hoy, a sus 23 años, no se arrepiente de haberse lanzado de nuevo al campo.
Sus compañeros lo apodan La Muralla. Gerardo Moreno lo describe como “duro, y directo, va con todo”. Y, sin embargo, él es consciente de su humanidad.
Habla con madurez. Habla con temple. Porque su camino no ha sido de reflectores, sino de constancia. De merecer cada minuto jugado. De entender que hoy puedes estar en la banca y mañana ser titular.
“La constancia es lo principal en un futbolista. No puedes dejar de entrenar, aunque no juegues. Debes estar listo física y mentalmente”.
Y así lo ha hecho. De ser hincha en las gradas, pasó a compartir vestidor con aquellos a quienes admiraba, como Iván Pineda o Gerardo Moreno.
Hoy mira hacia adelante con los pies firmes. Quiere consolidarse en Expansión. Quiere graduarse. Quiere ejercer como nutriólogo. Quiere jugar en Primera División. Y, por qué no, algún día, cumplir ese viejo sueño de la infancia: jugar en el Barcelona.
“Como todo niño, uno sueña con Europa. Pero también se vale tener los pies en la tierra mientras se mira al cielo”.
Él ya sabe que el camino no siempre es recto. Que los sueños no siempre se cumplen como uno los imagina. Pero también sabe que, a veces, basta con creer. Con persistir. Con no dejar de intentarlo.
Porque quien hoy derriba delanteros con potencia y decisión, también sabe levantar a sus compañeros con humildad. Es rudo, pero tiene código. Como esos luchadores que, al final del combate, bajan del ring y cargan al niño que los insultó.
Alán Aguilar tendrá una nueva oportunidad en el equipo de Expansión MX, el inicio de temporada es ante Atlético Morelia, y “la muralla” se encuentra listo para seguir luchando por su sueño. “Los errores son parte del fútbol. Nadie es perfecto. Lo importante es seguir adelante en la siguiente jugada”.


