Digno de políticos,  Cruz Azul cumplió con una promesa más: acceder a las Semifinales de la Liga de Campeones de la Concacaf. La Máquina venció 1-0 a Toronto FC en el Estadio Azteca para eliminarlos con un global de 4-1. Un golazo de Bryan Angulo le otorgó a los cementeros el boleto que harán válido hasta agosto cuando buscarán la Final.

Ayo Akinola tuvo la primera jugada clara del Toronto, sin embargo, el jugador protagonizó uno de los errores más increíbles de la serie, pues  frente al marco de Jesús Corona la erró. Afortunadamente fue marcado un fuera de lugar y el oso ya no tuvo tanto lamento por parte de sus compañeros.

El rival creció y fue superior a los celestes, incluso Nick DeLeon marcó, pero el fuera de lugar salvó a la Máquina. Cruz Azul reaccionó con Luis Romo, lamentablemente no pudo hacer efectiva la jugada porque el contención no definió de la mejor manera.

Minutos después, una gran atajada de Jesús Corona le volvió a dar tranquilidad a los canadienses, otra vez Akinola, pero detrás el portero se lanzó y mandó la pelota a tiro de esquina.

Golazo inclinó la balanza

Angulo supo aprovechar de buena manera un pésimo error defensivo del Toronto. Corona despejó la pelota y Justin Morrow la peinó para dejarla a los pies del ecuatorino quien la prendió de volea desde los tres cuartos de cancha y en el fondo venció a Alex Bono.

Volvieron las rotaciones

Ya en el segundo tiempo, Juan Reynoso no quiso desaprovechar el 1-0 que se tradujo en el global con un 4-1, para darle minutos a sus demás jugadores y tenerlos preparados con miras al inicio de la Liguilla. Jugadores como Joaquín Martínez, Guillermo Fernández y más tarde Jonathan Rodríguez y Elías Hernández entraron para darle un respiro a sus compañeros, además de tener población en la zona defensiva para cerrar el cerrojo. Ahora, Cruz Azul espera a su rival que saldrá del cruce entre Rayados y Columbus mañana miércoles.

El juego finalizó sin emociones en el segundo tiempo y con un Cruz Azul peloteando. Todavía se dieron el lujo de tener llegadas a fondo que Bono supo controlar sin problemas hasta que se escuchó el silbatazo del árbitro.