América se quedó muy cerca en el 2007 de levantar la Copa Sudamericana en esa serie llena de goles y polémicas contra el humilde, pero ‘poderoso’ Arsenal de Sarandí de Julio Grondona. Al final y por insólita única ocasión, el gol de visitante contó y las Águilas se quedaron a la orillas de la gloria en Conmebol.

Hoy, 14 años después, uno de los protagonistas de esa noche alza la voz y señala a Daniel Brailovsky, DT americanista de ese torneo, como el principal culpable del fracaso, más allá de lo que pasó fuera de la cancha.

Se trata de Lucas Castroman, quién aseguró que el Ruso tardó en hacer los cambios y después poco se pudo hacer para marcar el gol que faltó.

“Para mí esa final la perdió nuestro técnico. Y los futbolistas, obvio, entre los que me incluyo. Que no te levanten una bandera o te cobren un penal raro son cosas del futbol. Pero a mi criterio el técnico tendría que haber hecho cambios antes. Puede ser que haya habido alguna cosita a favor de Arsenal, pero fue meritorio su triunfo. La autocrítica tiene que estar siempre”.

En la Vuelta, en cancha de Racing, Lucas fue suplente y entró solo unos minutos, los cuales fueron suficientes para irse expulsado junto a Duilio Davino y sentenciar así la Final a favor de los argentinos.

“Había hecho una entrada en calor de 75 ú 80 minutos y todo ese enojo y bronca que tenía con el técnico lo despotriqué contra el árbitro. Me fui expulsado en menos de un minuto y medio con la final perdida. Le pedí disculpas por putearlo y por haberle dicho que le habían puesto guita y no sé qué otra barbaridad. Le expliqué que estaba con las pulsaciones a mil. Me entendió y me dieron solo dos fechas”.

La bronca con Ricardo La Volpe

Una temporada antes de llegar al América, Castroman fue dirigido por Ricardo Antonio La Volpe en Vélez Sarsfield, donde la relación no fue la mejor, al grado que Lucas se le plantó al bigotón en una práctica y fue ‘traicionado’ por algunos de sus compañeros.

“Yo no estaba de acuerdo en un montón de cosas con él. Sentía que estaba acostumbrado a dirigir al jugador mexicano, que es más sumiso y tranquilo. Arrancaba el entrenamiento a las 8 de la mañana con el profe, eran las 9.30 o 10 y él todavía no había llegado. Escuchaba que mis compañeros se quejaban porque venía tarde, porque fumaba en la cancha, porque no se sabía el nombre de algunos compañeros. Me inmolé por el grupo y fue un error. No todos me respaldaron”.

¿Qué pasó en ese entrenamiento?

“Él estaba hablando en un entrenamiento y le pedí permiso para decir algo. Le comenté esta sensación general de disgusto y las cosas para mejorar. Hoy en un plantel se habla y el técnico tiene más tacto. Antes era ‘hacé lo que te digo y, si no, andá para afuera’. Le expliqué que había cosas que del otro lado no gustaban y muchos no se animaban a decirle. Quería cortar esa brecha y unir para el mismo objetivo. Sintió que lo estaba enfrentando y que era una crítica destructiva, no constructiva. Enseguida le empezó a preguntar a los compañeros más jóvenes si estaban cansados. ¡¿Qué le iban a decir los pibes?! Y hubo algunos grandes que también: 5 minutos atrás me habían dicho a mí que estaban muertos, que se aburrían, que era un bodrio hacer una hora y media de táctico porque no servía para nada y después le dijeron a él que estaban bien. Ahí pensé “para qué me meto”.

A pesar de esto y con el paso de los años, La Volpe y Castroman terminaron con una relación cordial y se saludan bien cada que se ven.

“No me arrepiento porque lo hice en pos de mejorar. No tuve otra diferencia con esa con Ricardo. Después me lo crucé en un aeropuerto, hablé y hasta me regaló un libro”.