Ciudad Victoria, Tamaulipas. No era un viernes cualquiera en La Koliseo, un restaurante temático de la colonia Pedro Sosa improvisado como arena de lucha libre. Muchos no lo sabían, pero esa noche se cumplía un sueño, era un día para marcar en el calendario, un momento para disfrutar el regreso de la lucha libre independiente a Ciudad Victoria.
8:53 de la noche. La lucha estelar daba inicio ante los más de 300 asistentes que abarrotaron el lugar. Primero apareció Dragon King, joven talento de la capital proyectado para recibir la antorcha de las glorias victorenses. Levantó el brazo derecho mientras caminaba hacia el ring, disfrutando el cariño de su gente. Había euforia en el aire.
Enseguida, el sonido local retumbó:
“Yo soy Silver Fly, el guerrero del aire, aquí ando en la lucha, la llevo en la sangre”, sonaba el tema interpretado por raperos locales, escrito especialmente para él usando parte de su historia. La emoción se sentía mientras los reflectores iluminaban cada rincón del lugar. Los fanáticos gritaban en apoyo a sus ídolos:
¡Venga, Silver! ¡Con todo, Dragoncito!
Silver Fly apareció con su máscara negra y dorada, las luces reflejándose en sus rayos. Su mirada recorría la arena, buscaba a su familia, al llegar al ring, apuntó con el dedo a su hijo, quien le devolvió el gesto con una sonrisa. Subió al ring, trepó al poste, levantó los brazos y miró al cielo, como pidiéndole a Dios poder bajar sano con su familia. El sueño se estaba cumpliendo, ser luchador y, a partir de esa noche, promotor de lucha libre profesional. Era un momento que pensó que jamás viviría.
En la esquina opuesta, con orejas y hocico listos para luchar, estaba El Perro Wisin, ídolo de los niños, recién llegado desde la Ciudad de México. Viralizado en redes sociales por sus vuelos acrobáticos y acompañado de su fiel compañero Shere Khan, hicieron su entrada con el característico “baile del perrito”, saludando a la multitud y lanzando miradas desafiantes hacia Dragon King y Silver Fly. El público enloqueció.
Se sentía que la noche no sería fácil y que cada movimiento tendría un precio. Una cuerda del cuadrilátero se aflojó, pero eso no impidió que siguiera el espectáculo. A las 9:04, el réferi Yayito fue abucheado en su presentación.
¡Fuera! ¡Fuera! gritaban los aficionados al pancracio.
Molesto por los gritos, hizo sonar la campana y dio inicio a la primera caída.
El público contenía el aliento mientras los cuatro luchadores se medían. Silver Fly saltaba con agilidad, mientras Dragon King corría hacia la cuerda y ejecutaba un mortal que arrancó gritos de asombro.
¡Vamos, Silver, muéstrales cómo se hace!…
¡Perro que ladra no muerde!, se escuchaba entre risas.
El combate se convirtió en un vaivén de ataques espectaculares y llaves increíbles. Los de la CDMX mostraban fuerza y astucia, mientras los locales respondían con vuelos, saltos y maniobras aéreas que hacían temblar el ring. La primera caída fue para los visitantes, provenientes de la tierra del smog y el tráfico.
A las 9:14, un codazo volador de Silver Fly dejó a Shere Khan tambaleando, y Dragon King conectó un rodillazo que derribó al Perro Wisin.
¡Esto es lucha!, exclamó un aficionado entre los gritos de emoción en el arranque de la segunda caída.
Pero los rudos no se quedaron atrás. Con estrategia, lograron poner a Silver Fly contra la lona, haciendo que el público se metiera con ellos, ¡Tiene pulgas! ¡Tiene pulgas!
Fue entonces cuando el “Guerrero del Aire” mostró “colmillo” y ejecutó el Silver Destroyer, con un brinco sobre su rival, sujetó la cadera y, en un giro de 360 grados, hizo pagar a Shere Khan ante el asombro de chicos y grandes.
Shere Khan salió del ring. El ídolo victorense subió a la tercera cuerda con la agilidad de quien ha desafiado la gravedad mil veces, respiró hondo, extendió los brazos y, con el apoyo de la multitud, voló fuera del cuadrilátero para impactarlo impecablemente, levantando la arena en un rugido ensordecedor.
¡Sí! ¡Así se hace, Silver! ¡Esa es!, se escuchó entre los asistentes a La Koliseo.
El tiempo también volaba. Eran las 9:24. Ambos regresaron al ring, los lanzaron a las cuerdas y, como si fuera una coreografía perfecta, realizaron una hurracarrana. Silver Fly y Dragon King lograron la victoria en la segunda caída, mientras los fanáticos regresaban a sus sillas.
El reloj avanzaba hacia las 9:36. Cada segundo contaba para recuperarse y buscar la victoria. Cada movimiento era una historia que los medios presentes contarían. Dragon King y Silver Fly unieron fuerzas, ejecutando sus mejores llaves. Wisin lució con un mortal de fotografía que dejó boquiabiertos a todos.
¡No puede ser! ¡Es un perro que vuela!, dijo un niño a su padre con los ojos saltones.
Shere Khan aprovechó el momento y llevó la lucha entre los aficionados. Se repartieron pierrotazos.
¡Dale más fuerte!, gritó Silver Fly mientras marcaba, como tatuaje, su mano derecha en el pecho de su oponente.
Wisin se recuperó, tomó al más joven arriba del ring y lo envolvió en una casita.
1… 2… 3…
A las 9:48, Yayito hizo el conteo final y la arena estalló en aplausos. Los luchadores se habían entregado por completo.
Silver Fly y Dragon King fueron reconocidos por sus rivales, quienes les tendieron la mano tras la victoria. Los cuatro levantaron los brazos en señal de triunfo.
El “Guerrero del Aire” no solo había ganado el respeto de sus contrincantes, sino que había traído de regreso la magia de la lucha libre a Ciudad Victoria, uniendo generaciones, pasión y sueños en una sola noche.
“Esto apenas comienza, Victoria… esto apenas empieza”, gritó Silver Fly mientras los fanáticos aplaudían, pedían fotos y autógrafos. La música volvió a sonar para cerrar el espectáculo. Una noche para recordar, un sueño cumplido y la promesa de que la lucha libre independiente había regresado para quedarse.


