Richarlison de Andrade, delantero del Everton, es uno de los jugadores que más ha destacado en la Premier League en el último tiempo y la figura de su equipo, aunque no todo en su vida ha sido bueno, ya que sufrió durante su infancia y le tocó ver que la mayoría de sus amigos terminaron en la cárcel.

El atacante de 24 años habló con el diario AS sobre su vida antes del futbol, deporte que le salvó la vida cuando estaba pequeño, ya que le quisieron dar con una pistola cuando pensaron que vendía drogas en la ciudad donde vivía al sureste de Brasil.

“Era una situación en la que volvía de la escuela de futbol con mis amigos y un tipo pensaba que estaba vendiendo drogas en el área donde estaba vendiendo. Me apuntó con la pistola a la cabeza, me amenazó, pero gracias a Dios tuve la tranquilidad de explicarle que estaba de camino a casa del futbol y que no vendía ni consumía drogas. Me quisieron pegar un tiro, pero el futbol me salvó la vida literalmente. Me soltó, pero estaba muy asustado porque siempre pasaba. Es más fácil hablar de eso ahora, pero fue algo que realmente marcó mi infancia y me animó a recorrer un camino muy diferente al que terminaron algunos amigos, porque no tuvieron tanta suerte como yo”, dijo.

El jugador carioca contó que durante su infancia no tenía muchos recursos económicos y le tocó trabajar desde temprana edad, pero pudo sobresalir con el pasar de los años, suerte que no tuvieron sus amigos, quienes terminaron en la cárcel por tráfico de drogas o murieron.

“Mi infancia fue muy pobre. Nací en una ciudad al norte del estado de Espírito Santo, en el sureste de Brasil. Es un pueblo pequeño, donde mucha gente trabaja en el campo y hay mucha pobreza. Desde muy pequeña veía a mis padres trabajando todo el día para pagar las facturas y todos los meses era difícil tener suficiente dinero para el mínimo, aun con todos sus esfuerzos. Trabajé desde temprana edad para ayudar, vendiendo dulces, helados e incluso recogiendo café con mi abuelo cuando era adolescente”, comentó.

“Fue muy complicado, pero tenía ángeles de la guarda que siempre me llevaban al lado correcto. Muchos amigos de la infancia no tuvieron tanta suerte y terminaron en la cárcel, se metieron en el mundo de las drogas y algunos incluso murieron. Gracias a Dios y a estas personas que me ayudaron, fui al futbol, que siempre fue mi sueño, y lo logré. Dar una mejor vida a mi familia y tener un futuro también. Me siento muy privilegiado y afortunado porque podría haber sido diferente”.