No ha sido anunciado de forma oficial, pero en los pasillos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas ya se da por hecho: Ricardo Chávez Medrano, mejor conocido como el “Diablo”, será el nuevo Director Deportivo de Correcaminos. Una designación que, más que entusiasmo, ha levantado cejas, murmullos y una abierta inconformidad en la directiva del club.

El primero en fruncir el ceño fue Javier Garibaldi de la Teja, presidente del equipo, quien recibió la noticia directamente de manos del Rector Dámaso Anaya en una reunión extraordinaria. Y no es para menos: al Diablo se le entrega, al menos en teoría, una llave que Garibaldi prefería tener bien guardada en su propio bolsillo. Porque un director deportivo tiene la atribución de negociar jugadores, supervisar contrataciones y, en pocas palabras, meter la lupa donde hoy nadie la pone.

En Correcaminos, esa lupa hace mucha falta. En las últimas semanas, la toma de decisiones deportivas ha dejado más preguntas que certezas. Llegaron como “refuerzos” Fernando García y Jesús “Propela” García, ambos con periodos de inactividad que parecen eternos. Jugadores jóvenes, formados en la cantera del club, fueron dejados a su suerte. Y mientras tanto, el técnico Héctor Hugo Eugui no se inmuta.

Entrevistado recientemente, soltó la frase que retrata el caos: “Los directores deportivos no sirven para nada”. Claro, esto viniendo de alguien que, paradójicamente, desempeñó ese mismo cargo en Tigres. Incoherencias de un fútbol donde la memoria es tan frágil como los ligamentos de algunos fichajes.

Garibaldi, por su parte, tampoco disimula su molestia. Según él, no hace falta director deportivo alguno: “Ese trabajo lo hago yo”, declaró. Y sí, lo hace, pero ¿para quién? En los pasillos se comenta que los refuerzos uruguayos que llegaron —de la mano de promotores cercanos a Eugui— han resultado onerosos y poco productivos.

Todo un misterio digno de investigarse, si no fuera porque a nadie parece interesarle rendir cuentas.

Y mientras la liguilla sigue siendo una meta inalcanzable (ocho años sin aparecer por ahí lo confirman), los jugadores hacen de las suyas. El caso más reciente: Juan Capeluto, quien no viajó para enfrentar a la Sub 21 de Tigres por supuesta lesión, pero fue visto de fiesta en un antro de la calle 8 de Ciudad Victoria.

Entre lesiones sospechosas, fichajes cuestionables y cuentas poco claras, el Diablo llega a prender luces donde la penumbra es más cómoda.

Es cierto: Chávez Medrano no tiene experiencia comprobada como director deportivo. Pero su mayor reto no será aprender el oficio, sino sobrevivir a una estructura que no quiere ser supervisada.

Un presidente que no lo respalda, un técnico que no quiere rendir cuentas y una afición cansada de promesas vacías y torneos sin gloria.

El nombramiento del Diablo aún no se hace oficial. Pero cuando suceda, no se equivoquen: no es al Diablo a quien temen. Es a la posibilidad de que, por fin, alguien empiece a preguntar lo que nadie quiere responder.

Que tengan excelente inicio de semana, que ya empezó potente.