Cd. Victoria Tamaulipas.- No era un día cualquiera, ni una jornada ordinaria, era el día en que el victorense Leonardo Daniel Franco Hernández hacía historia en el equipo de Segunda División de Correcaminos, buscar dar el primer paso rumbo a la Liguilla de la categoría de Nuevos Talentos.

El Estadio Marte R. Gómez estaba listo y “LeoGol” lo sabía, sabía que era un día especial y un día en que su equipo lo necesitaba más que nunca… la presión de una Liguilla, de abrirse paso y buscar regresar al primer equipo, a él no le importaba si era el colero o el más goleado, su meta y su mente se concentraban en un rectángulo que mide 7.32 metros de ancho por 2.44 metros de alto, la portería.

Llegaba la hora, el reloj marcaba 5 para las 10:00, y poco a poco los equipos irían apareciendo en el pasillo que conduciría de los vestidores hacia el terreno de juego; Franco aparecía con su tradicional 84 en los dorsales, el delantero calcularía su andar para entrar siempre con el pie derecho y encomendarse a Dios; a lo lejos, buscaría en la grada a su principal motor… su familia.

Siempre pensativo, serio, imaginando lo que se podría dar en este partido y teniendo siempre la dedicatoria especial hacia el cielo. -“Y con el número 84, Leonardo Daniel Franco”- se escuchaba en el sonido local, su familia lo aplaudiría y Leonardo se hincaba para elevar plegarias al cielo, esperando la protección muy especial, esa protección divina que, aunque sea a la distancia, una abuelita puede dar…

El silbatazo del árbitro llegó y Franco desde los primeros minutos del partido observó con cautela, como buen cazador esperaba la oportunidad de que su disparo fuera acertado y esto pasó apenas al minuto 6 del partido, cuando una desatención por parte del rival llegaría a los pies de Leo, quien recibió el balón, su amigo ese que lo acompaño por más de 15 metros para llegar al área rival y mandarlo guardar al fondo de la red para el 1-0.

El 1-0 daba alegría, pero como pasaba el tiempo momentos de tensión se vivían en el Marte R. Gómez y es que en un choque veía una escena que a ningún jugador le gusta ver, la lesión de un compañero y en este caso Diego Lomelí fue el afectado, Franco no se despegaría de su compañero pero a la vez, volteaba preocupado hacia la banca, el equipo entraría en un momento anímico complicado… y es ahí cuando los grandes aparecen, aparecen para marcar historia, por lo que el delantero victorense daba instrucciones a sus compañeros para reubicarse en el terreno de juego y conservar el planteamiento.

Tiros, centros y recorridos, finalmente dieron resultado, el 2-0 para Correcaminos se daba con un centro pulcro a Eduardo Juárez y llegaría el segundo gol para Correcaminos. Antes de terminar la primera mitad, Leo aprovecha para hablar con sus compañeros y seguir aconsejando a cada uno de ellos.

El árbitro marcaría el final de la primera mitad y el equipo se dirigiría a los vestidores, en su camino miraría atentamente a las gradas para saludar a su familia antes de irse a descansar.

Habían transcurrido ya 15 minutos y era momento de concretar el partido que, en realidad, se convertiría en una fiesta. Sin pensarlo dos veces, Franco es el primero en salir y el primero también en acomodarse en el campo, bastaría el inicio de la segunda mitad para que el joven victorense siguiera con todas las ganas su participación.

El “Joga Bonito” se daba en el Marte R. Gómez, el tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo se daban y Franco participaba en cada uno de ellos.

El equipo Correcaminos ya tenía sus líneas muy adelantadas, era un ir y venir dentro del área rival y al cierre del encuentro tres goles más se daban el noveno fue de Leo, quien siguió recorriendo su banda derecha, y tras una jugada no finalizada de Juárez… Leo lo tenía… ¡HAT-TRICK!

En la grada, el júbilo de su familia era especial, y en el campo, Leonardo agradecería una vez más al cielo por la oportunidad de anotar. Isaías Hernández anotaría el último gol de Correcaminos, el 10 que marcaba la goleada, y el árbitro daría por finalizado el encuentro.

Leo iría a las gradas para fundirse en un abrazo muy especial con las personas importantes de su vida y para las cuales dedica cada uno de sus triunfos, su familia.

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